Guadalest: el nido de águilas que hace bajar a todo el mundo del coche
El pueblo colgado de Guadalest y su campanario sobre la roca, el castillo de San José, el embalse turquesa y los museos: nuestra guía para visitar Guadalest y evitar las aglomeraciones.
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Hay pueblos que se descubren y otros que te caen encima al tomar una curva. El Castell de Guadalest es de estos últimos: un campanario blanco plantado en lo alto de un peñasco, casas colgadas del acantilado y, abajo, un embalse de un azul tan turquesa que uno sospecha que hay un filtro. El pueblo apenas tiene unos 280 habitantes, pero recibe multitudes de visitantes todo el año: es una de las excursiones más populares de la Costa Blanca, a menos de una hora de Benidorm.
Un pueblo fortaleza
La historia de Guadalest empieza en el siglo XI, con una fortaleza musulmana construida sobre estas rocas para controlar el valle. Dos terremotos en 1644 y una voladura durante la guerra de Sucesión en 1708 acabaron con la mayor parte del castillo de San José; quedan lienzos de muralla y un panorama que quita el aliento.
Al pueblo alto se entra por un túnel excavado en la roca, el único acceso original, que ya marca el tono. Al otro lado, callejuelas empedradas, placitas y tiendas de artesanía llevan hasta el Museu Municipal Casa Orduña, antigua casa de la familia Orduña, desde donde se sube al castillo y al cementerio en lo alto.
El embalse, la otra estrella
Desde lo alto del pueblo, la vista cae sobre el embalse de Guadalest, construido entre 1953 y 1971 y rodeado de montañas. Su color turquesa es espectacular, sobre todo a media mañana, cuando el sol lo ilumina en vertical.
Un sendero y una pequeña carretera permiten rodearlo o bajar hasta la presa. Eso sí, no se puede bañar: es una reserva de agua potable.
Los museos (sí, hay ocho)
Para un pueblo de menos de 300 habitantes, Guadalest reúne un número sorprendente de museos: ocho, según el ayuntamiento. Junto al museo municipal Casa Orduña y el etnológico, hay colecciones más… inesperadas: microminiaturas (una escultura en el ojo de una aguja, lupa incluida), saleros y pimenteros, belenes y casitas de muñecas, vehículos históricos o historia medieval. A los niños les encantan las microminiaturas; a los adultos también, aunque digan lo contrario.
Información práctica
Nuestros consejos
Ve temprano o a última hora. A mediodía, los autocares de la costa descargan a sus pasajeros y las callejuelas se estrechan mucho. A las 9:30 tendrás el pueblo casi para ti.
Calzado plano, obligatorio: adoquines resbaladizos, escalones, cuestas… Guadalest no es un pueblo para tacones.
Sube hasta el cementerio y el castillo: es de pago, pero desde allí se tiene la vista más espectacular sobre el embalse y el valle.
Haz una ruta por el valle: Guadalest combina a la perfección con las cascadas de las Fonts de l’Algar, a unos veinte minutos, o con Safari Aitana, más arriba en la montaña.
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